miércoles, 19 de diciembre de 2018

¿Era mejor ser cobarde o sentirse ridículo?

Con la brisa del alba acariciando nuestras caras
riendo con fuerza pero por lo bajo
la vuelta a casa tras una noche de baile.

Mientras intentamos no tropezarnos con nuestros propios pies
nos zarandeamos chocando el uno contra el otro
y nos contamos las anécdotas de la noche.

El maquillaje corrido y el pelo alborotado
tiritando por el frío, ardiendo entre risas.

De vez en cuando las miradas enfrentadas
y silencio profundo
apenas durando escasos segundos.

Sintiéndonos hogar
la despedida era más dura
pero siempre llegaba.

A punto de hablar los dos, siempre callábamos
por que era mejor ser cobarde que sentirse ridículo.




AmadA

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