Y ese es el momento, en el que, el contacto con esa persona es un estallido de fuegos artificiales para el alma, y cuando se va, te queda solo eso, el corazón latiendo fuerte y rápido. Lo difícil no es su marcha, sino su falta. La falta de su presencia, de las miradas cómplices, de los secretos que jamás contará a nadie más, la falta de una última sonrisa antes de sentirte nostálgica. Y es que esa magia, no la transmite cualquiera, hay que ser oro o plata para estar a la altura. Qué difícil es no sentirte roto cuando solo te sientes entera a su lado.
AmadA
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